
El camino para lograr reestablecer el equilibrio psicofísico, perdido a causa de la acumulación de tensiones, de la actividad y de la forma de vida actual, es la práctica de la relajación consciente, característica del yoga.
La relajación se basa en un ritmo de movimiento y reposo, inseparable uno del otro. Para aprender a relajarse hay que intentar regular y equilibrar las funciones del cuerpo y de la mente, economizando la energía producida y evitando malgastarla innecesariamente.
La relajación ideal aspira a ser física, mental y espiritual. Es un estado de conciencia que se busca voluntariamente con el fin experimentar niveles más altos de calma, paz, felicidad y alegría.
Para alcanzar este estado, se recomienda acostarse en el piso sobre una superficie plana, con los brazos cerca del cuerpo, las piernas relajadas y rectas y el dorso de las manos tocando el suelo. La respiración será lenta, profunda y se tomará consciencia de cada una de las partes del cuerpo: desde las puntas de los dedos de los pies hasta la parte superior de la cabeza. Por consiguiente, todo el cuerpo se relajará.
Hay que poner atención a lo que pasa en el interior de la persona con cada sensación corporal. Cuanto más consciencia tenga cada uno de sus tensiones mientras se relaja, más posibilidades existirán para poder eliminarlas.
Para salir de este estado de relajación, hay que hacerlo muy lentamente, moviendo suavemente cada una las partes del cuerpo. Aunque este ejercicio parezca, a simple vista, muy sencillo de realizar, requiere de una práctica asidua para adquirir cada vez, una mayor consciencia del cuerpo, único medio de reestablecer el equilibrio y recuperar la energía.



