Este ejercicio debe limitarse, en un principio, a tres ciclos, aumentando gradualmente el número hasta un máximo de seis. Son más efectivos a la salida del sol o durante las primeras horas de la mañana, de cara al Este, al mediodía de cara al Meridiano, a la puesta del sol de cara al Oeste y al acostarse mirando al Norte.
Este ejercicio ejerce un poderoso efecto, armonizando las corrientes nerviosas del cuerpo. Deben efectuarse de dos a tres respiraciones profundas y lentas, a través de ambos conductos nasales para aclarar la mente. Se observará que la aspiración se realiza, en cierto modo, más rápidamente que la espiración, por lo que ésta deberá aminorarse ligeramente, y cuando el que lo esta practicando se encuentre acostumbrado al ejercicio descrito antes, la duración de la respiración será, normalmente, dos veces la de la aspiración. Así, pues, si la duración de la aspiración es de cinco segundos, la espiración durará diez.
La duración de la aspiración en segundos dependerá de la capacidad y habilidad del individuo, pero una vez establecida debe permanecer inalterable durante los seis ciclos.




